ENTRE LA RABIA Y LA IMPOTENCIA.

Te odié por no mirar el camino, por volcar tu coche, por haber estado dos días fuera de este mundo, por estar tan lejos.
Odié a la nubes por disolverse, odié a la urgencia, al fabricante de tu cuatro por cuatro, odié hasta la tierra por donde pasaban las ruedas.
Odié hasta infinito y sin solución.
Lo de “así es la vida” no me sirvió de excusa para paliar los golpes del destino.
Pero lo que más odié, fue a mi misma, que lo único que podía hacer era sostenerme el corazón con una mano.
Menos mal, bello durmiente, que volviste (tú siempre vuelves) y el odio se me olvidó cuando por fin escuché el suave murmullo de tu frágil sonrisa.
3 comentarios
Lebana -
Julia -
suspirorubio -