Detrás del mar...¿yo? |
![]() Detrás del mar mas lejos de la línea que separa el agua del cielo, donde la luna llena se relaja y a veces juguetean traviesas las estrella. Es en ese lugar donde duermen mis sueños
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Yo no creo en dios, creo en mis dioses. Y mis dioses son los que me acompañan todos los días , los que amo, los que toco, los que me aman, los que beso, los que son de carne y hueso, los que me ayudan, los que me escuchan, a los que ayudo, los que con más o menos suerte han pasado por mis días. Mis dos grandes dioses, son los que me dieron la vida, los que me enseñaron las tablas de los mil mandamientos y ahora gracias a ellos sé como caminar por la vida. Ellos me calzaron los pies y yo aprendí a atarme los zapatos. Mis dioses son mis amigos, que me traen la luz cuando ando a oscuras. Mis dioses no me castigan, ni me mandan plagas de langostas, ni tengo que ir adorándoles, ni me dicen cómo tengo que sentir o como tengo que pensar, mis dioses no me ponen normas, ni pecados, ni padres nuestros, ni rosarios. No son mis confesores, son mis oídos. Mis dioses, me aconsejan y me hablan, me dejan equivocarme, y si tropiezo cien veces, me ayudan a levantarme doscientas. Mis dioses me acarician, me besan, me abrazan. Mis dioses; me dan sus hombros, sus manos, sus palabras, su paciencia, su sonrisa… Mis dioses no tienen templos, porque ellos mismos son el templo y saben que yo seré su templo cuando ellos necesiten un dios. Yo ya no creo en dios, creo en mis dioses y en mi misma. Sin remedio alguno, tan solo soy el 80 % azúcar y todo lo demás de nostalgia Me estoy muriendo, desde que nací me muero, pero hay días que muero más que otros. Sobre todo, los días en los que el mundo parece que va a desplomarse y las fuerzas de levantarlo se esconden debajo de la cama, los días en los que me arrepiento de despertarme antes siquiera de levantar los párpados. Hay días que la luz del sol está podrida y que el viento no mece nada más que la desgana que navega por la nevera. Días que me coloco los zapatos y me duelen los pies, que preparo las cosas y se me olvidan los sueños. Ocurre, cuando la razón se escapa por la ventana y las verdades asoman las garras por debajo de la puerta. Cuando el celebro se queda sin memoria, para recordar los rosas con los que pintaba el gris de la rutina. Cuando aterrizo de repente, desde mi nube y me estrello contra el suelo, clavándome todos los cuchillos que llevo en la espalda. Entonces me doy cuenta que mis limitaciones les sirven de excusa a los carroñeros que esperan alerta a que desfallezca. Y de repente reacciono saco las fuerzas de flaqueza, me ato fuerte los zapatos, coloco el sol de nuevo, mezclo los grises hasta que sale blanco, lo pinto todo como me viene en gana y recojo del suelo los sueños. Entonces el viento me trae esperanza y la verdad me llena de luz. Buscando tus palabras, recorro todos tus huecos Encontrando tus silencios, me pierdo en las miradas Tan solo nos cubre una mentira la que despojamos en la cama Hagamos un pacto de silencio Un tratado para pieles Que sean tus manos la que cubran los huecos de los amaneceres Así dejar el grifo abierto para que corran todos los mares A ver si se me encharcan las razones para dejar de navegar en tus rincones Que esta casa no entiende de promesas y estos ojos solo saben de tu boca Si quieres encontramos el remedio para amarnos solo a medias A la medida de tus besos o por donde sea que se pierden nuestras lenguas Así vamos tejiendo y destejiendo La prisa o la urgencia Con la que se calma el hambre y se bebe la sed A paso de gigantes Corramos la imprudencia dejando la puerta abierta de tanto entrar y salir. Quiero agonizar esta noche entre tus manos, que entres en mí para que yo salga. Porque me pesan en el cuerpo y me queman en el alma, las mil vueltas de esta puta noria. Que ya no me quedan fuerzas para vagar sin remedio en este micro infierno de ocho horas diarias. Yo quiero alcanzar el cielo con tu boca, a ver si encuentro el mar en tus caricias, porque este desierto de asfalto hace mucho ruido y quisiera ser sorda. No te pido que me salves, no necesito príncipes, ni héroes, que cuiden mis espaldas, aquí no hay dragones, ni fantasmas. Tan solo te pido que ingenies algún remedio para limpiarme la rutina, arráncamela de la piel y sacármela a tiras. Te prometo el paraíso sin manzanas. Un para nunca y un hasta siempre. Una noche, dos o las que nos vengan en gana. Tampoco hay que hacer del olvido una bandera. Ni de los sentimientos un peligro. Pero hazme olvidar hasta la médula: esa noria, ese infierno… Ese circo. Me volví atea a tu religión desde que me cansé del rosa con el que envolvías todos tus cuentos. Ya no creo, ni siquiera, los complejos con los que escondes tu ego, ni tus estratégicas tristezas con las que agachas la cabeza para no mirar al frente. Y no me asustan tus mil caras, porque sé que, tras tu bondadosa mano, se esconden garras; porque voy sabiéndote mientras avanzo. La suerte es tu complejo de cangrejo, que te hace que te alejes y ya sabes lo que dicen, la M….. Mejor cuanto más lejos. Y no lloro los adioses, porque descorren los velos dejando en evidencia tus pobres excusas, tus falsas sonrisas y tus torpes ingenios. Te odié por no mirar el camino, por volcar tu coche, por haber estado dos días fuera de este mundo, por estar tan lejos. Odié a la nubes por disolverse, odié a la urgencia, al fabricante de tu cuatro por cuatro, odié hasta la tierra por donde pasaban las ruedas. Odié hasta infinito y sin solución. Lo de “así es la vida” no me sirvió de excusa para paliar los golpes del destino. Pero lo que más odié, fue a mi misma, que lo único que podía hacer era sostenerme el corazón con una mano. Menos mal, bello durmiente, que volviste (tú siempre vuelves) y el odio se me olvidó cuando por fin escuché el suave murmullo de tu frágil sonrisa. Es cierto que de tus entrada y salidas por mi vida, aprendí a base de sangrar, todo lo que no hay que hacer, si no quieres que se te esguince el alma. Pero aun así contigo me equivocaría otra vez. Fuiste la estupidez perfecta, la muestra física de mi tontura crónica, el testigo directo de la locura con la que a veces puede llegar a latir un corazón. Lo hicimos mal, muy mal, terroríficamente mal. Puedo afirmar ahora que ya han cicatrizado las heridas. Y me pregunto: ¿Cómo podía saber tan dulce un error tan amargo? ¿Quizás yo me enamore con prisas y tú te apagases sin llama? Y así las preguntas se suman a infinito, hasta que caigo en la cuenta que hoy por hoy los “quizás” no tiene mucho sentido. Lo que pasa es que en el fondo me gusta regodearme en mi error, es la escusa perfecta para pensarte. Sería el colmo de la necedad, el tener que recordarte sin escusas. Por mucho tiempo que pase hay llagas que no se olvidan, aunque ya no escuezan de la misma forma. Al fin de cuentas la distancia, sirve para coger perspectiva. Y la lluvia para borrar el camino que me conducía en línea curva directamente a tu cama. “Una suerte” Me digo en voz baja, mientras me invento razones para engañar a mis ganas y sin en cambio como una hambrienta voy buscando las manzanas prohibidas, que sobraron del paraíso, cuando nos expulsaron. Que contradicción, el tener que caminar ahora cojeando por los senderos del corazón, a causa de tus heridas y sin embargo cometería las mismas estupideces, una a una y por el mismo orden. No puedo evitar el mal vicio, de desandar todos los pasos para volver a tu sutil reflejo que hierve en mi memoria. Es por la inercia de la tontura, que me empuja a callejones sin salida. Y aun así, se ha ciencia cierta, sin más mentiras, desde esta aburrida perspectiva, que…. Fuiste mi mejor error. La verdad es, que ahora prefiero que me mientas o que te calles pero no otorgues De verdad te dijo, que la verdad no me viene de gusto, es demasiado grande y demasiado tarde. La mentira siempre es más fácil, ¡Donde va a parar! Mucho más fácil. Es bastante más hiriente, para el metido no para que el miente. Pero es mucho más cómodo el engañarse ¡Donde va a parar! Mucho más agradable. Así que no te preocupes y miénteme en voz baja, que ya me encargare yo de mis migrañas. La verdad es tan grotesca tan inmensa y contundente, tan indigesta… Que no apetece. Todavía estoy con la diarrea de mentiras como para empezar a comerme tus verdades. Así que miénteme que nunca es tarde. Te voy a tener en todos los días Porqué estas en todas las palabras Porqué tu legado es infinito. Porqué contigo aprendí, lo del exilio, lo de amor, lo de la caricia, lo del olvido. Hoy me inunda la tristeza y mi corazón coraza hace prácticas de luto Tú me enseñaste que el sur existía y me distes razones para seguir cantando. Gracias a tus versos me hice militante de la vida. Pero ayer, se me quebró mi alma, al saber que en esta tierra ya no estaba la tuya Y tuve un momento de desesperanza, al pensar que en este mundo se extinguía la poesía. Luego acepte, sin entenderla, eso de la ley de vida. Y comprendí, sin digerirlo, que los poetas también morían. Te llevo en el alma, y te voy a tener todos los días. Huyen todas las piedrecitas que tire a tu ventana, corren tras los espectros del pasado. Si el preceptor en la escuela, Si te escupe un comisario Si el jefe explica en la empresa, Lo que pasa, es que no pasa Sucede, lo que no sucede Esas flores, sin florero Ocurre, que ya no ocurre Esta hambre con sus náuseas Todo lo que antes me dolió, todo lo que me llegaste a doler. Ya estas aquí. Cicatrizando el corazón Derrochando la emoción Me enamoré de ti , me enamoré perdidamente, aunque nuestro amor duro solo unos segundos. El segundo más eterno y perfecto de mi vida , en el que nos desnudamos el alma, cuando dejé caer esas monedas sobre la funda de tu guitarra. Después de poner fin a una plácida tarde en el que mis ojos se habían llenado de mediterráneo, bajé al infierno por las escaleras mecánicas y os escuche lejanos, a ti y a tu guitarra entonar la melodía exacta que ponía el broche a la tarde. Preparé mi mísera calderilla y recorrí el sórdido pasillo del metro, con los ojos cerrados. Solo me importaba tu música, tu voz .... Esa canción . Me detuve ante ti y te regalé una sonrisa. Una sonrisa nacida del alma, la paz que en ese instante me inundaba era infinita , estaba llena de azul , me sentía feliz. Y compartí contigo ese pedazo de felicidad igual que tu compartiste conmigo tu música. En ese momento en que tus ojos miel se cruzaron con los míos , se paro el universo. Tu me guiñaste un ojo yo volví a sonreír , y suspirando me di la vuelta . Seguías sonado mientras yo avanzaba hasta el andén del metro, y seguirás sonado por siempre en todos los rincones de mi alma . Gracias por regalrme una canción. Lo de quererse, viene a ser como el terciopelo que te acaricia suavemente pero que con el paso del tiempo termina rascando y hiere. Prefiero nuestros efímeros paseos de puntillas por el paraíso y las levitaciones por el mundo real. Por ese mundo tan real que a veces parece que va a romperse, que se retuerce sobre su eje y se queja en silencio. El mismo silencio, de nuestro pequeño universo, en el pintamos la paz con los amaneceres. Sobre la piel desnuda, no quedan dudas de sentirse a salvo. Me gusta como vas y vienes, y como me voy de mí y dejo de serme. Me abandono pequeña y por partes, entre tus manos. Tu de mi piel, lo intuyes todo y si no lo averiguas, leyéndome en braile. Corres el riesgo de adentrarte, yo corro el riesgo de quererte. Pero eso de quererse es complicado, ese terciopelo rasca rápido en un mundo que por momentos se nos quiebra. Se parte entre sollozos y nos balancea, de un lado al otro, como dos bolos. Dos bolos bobos, en un mundo que se rompe. Felicidades , por ser la madre que germina la tierra , la diosa que da la vida . Por ser mujer todos los días . Cuando las mujeres reafirmen su relación con la naturaleza salvaje, adquieren una observadora interna permanente , una conocedora , una visionaria , una oráculo, una inspiradora, un ser intuitivo , una creadora , una inventora y una oyente , que sugiera y suscita una vida vibrante en los mundos interiores y exterior. Cuando las mujeres estan próximas a esta naturaleza dicha relación resplandece en ellas. Clarisa Pinkola Estés Mujeres que corren con lobos |